El Diario de Edoran, Parte 2

He tenido que darme un día o dos para continuar la transcripción de lo poco y nada que queda legible del libro. Hay cosas que uno no logra entender del todo, incluso aunque estén escritas de una fuente que al parecer es fidedigna.

Tuve que buscar al Maestro Tempestira para confirmar muchos de los hechos, y me alegra saber que el trabajo que estoy haciendo se basa en hechos verídicos, aunque él mismo no tenía idea de varias de las cosas que se describieron en las páginas anteriores. Sin embargo, los que estuvieron presentes, según mi Maestro, no pueden negarlo. Hay nombres que se nos hacen familiares en Claro de la Luna, en especial los de dos druidas bastante respetados en nuestra sociedad. Tendré que darme el tiempo de buscarlos una vez que las aguas se hayan calmado para quedar completamente tranquilo de haber transcrito algo que es verdadero.

La valentía del chico que escribió esto es incomparable. Huérfano, curioso y bien letrado. Cualquiera como él podría haberse relacionado menos en el conflicto y mantenerse a salvo, pero él, de alguna forma, siempre salió vivo del riesgo. A juzgar por las condiciones en las que encontré este libro, me atrevo a pensar que fue asesinado de forma vil, pero uno nunca sabe. Muchos hemos visto a varios morir y volver por energías desconocidas, a la vez que muchos se van para no volver.

Espero que este chico se encuentre bien. Como dije anteriormente, haré todo lo posible para encontrar su procedencia y, si la suerte está conmigo, hallarlo y preguntarle más sobre lo que ha ocurrido. Pese a todo, lo que este chico Edoran relata no debería ser tomado como un aliento de valor, sino como una amenaza de lo que podría estar realmente dentro de todos nosotros.

A continuación, continúo la transcripción.

Lamuh
Druida y Recopilador del Circulo Cenarion

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Dia 255 después de la Gran Devastación

Santuario de Malorne

El Maestro Hamuul aún no se recupera de las heridas causadas por la druida que lo asaltó el día que se abrió el portal, y tampoco se han podido recuperar completamente los que de alguna forma han sido afectados físicamente por la guerra.

Hemos hecho un funeral simbólico para mi dama Ilya. Aryento, el hipogrifo de batalla que solía montar, no podría haber estado más acongojado. Muchos de los altos rangos de todos los que están luchando aquí asistieron a la ceremonia, cerca del borde del pozo mágico a los pies de Nordrassil, y los soldados a sus cargos no dudaron un segundo en rendir honores, incluso si su piel no era de alguien que representara a la Alianza. Aún no se ha decidido quién liderará el escuadrón de batalla que llevaba mi señora Ilya, pero lo más seguro es que todos seamos reasignados a un nuevo escuadrón, incluyéndonos a los escuderos.

Perle es otra historia. Desde que sucedió todo esto no ha parado de insistir en volver al frente de batalla en lugar de quedarse a sanar sus heridas. En los pocos momentos en que se ha mantenido tranquila, los druidas no han logrado sanar su brazo que, extrañamente, está completo y funcional. A momentos, cuando Perle se altera, el brazo que parece carbón se enciende en fuego y lava, y eso ha dejado varios daños materiales menores en el campamento.

Yo estoy bien, por lo menos. Es placentero respirar aire limpio de vez en cuando para alejarse del aire tóxico dentro de las Tierras de Fuego. He logrado ver a algunos de los chicos como Hüm y Aelena por aquí y nos hemos juntado a jugar un rato y tratar de dejar de pensar en todo esto por un momento. Fue chistoso pues se nos unieron algunos druidas y aventureros en el juego, y todos tuvieron mejores ánimos desde entonces.

Mañana nos movemos a un pueblo cercano a Nordrassil para buscar mejores curaciones para los más graves. Espero que allá todo pueda volver a la normalidad.

(Nota del recopilador: Desde aquí varias de las hojas se han caído, aunque no parecen ser muchas. No parecen haberse perdido datos importantes, por lo que seguiré el relato en la página más cercana.)

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Día 272 después de la Gran Devastación

Nordrassil

Malfurion ha llamado a todos los presentes en Nordrassil para informarles de lo que sucedió esta tarde y para advertirles que estarán vigilando los alrededores para ver movimiento del enemigo. Nos comentó que el orco Thrall, que se ha separado de la Horda, está en camino desde Rasganorte acompañado por nada menos que los Aspectos Dragones, y que esperan que hayan agentes de Ragnaros para sabotear cualquier operación. Algunos héroes del mundo se ofrecieron para mantener la seguridad de los visitantes, y son gentes cercanas de alguna forma al archidruida, por lo que existe un poco de confianza.

Las razones de las dudas para estimar presencia del enemigo sale de lo que sucedió esta tarde con Perle.

Ella había insistido en ser parte de las vigías de los druidas alrededor de Nordrassil luego de una recuperación parcial. Luego de la invasión a las Tierras de Fuego, los elementales habían iniciado a salir nuevamente y eso ponía en riesgo las operaciones desde nuestra base principal. Ella, Mokazín y otros tres druidas iniciaron la ronda hacia el sur en búsqueda de actividad, pero no encontraron nada por horas.

Caía la noche cuando Perle llegó finalmente, cubierta en sangre y quemaduras menores (considerando que tenía un brazo prácticamente fundido, una quemadura más ya era nada para ella). Más atrás venían dos de los druidas, menos sucios pero más cansados por el combate, y Mokazín tras ellos trayendo al tercero gravemente herido. Aelena y yo nos apuramos a traer los implementos de primeros auxilios mientras que Eren hacía unos conjuros de comidas que había aprendido hace un tiempo. Cuando volvimos alcanzamos a agarrar una parte de lo que había sucedido, aunque Eren después me contó todo.

Me dijo que un par de horas antes se habían encontrado a un grupo de personas sospechosas. No eran más de tres y podrían haberlas matado de inmediato, pero prefirieron seguirlas para ver sus intenciones. Cuando se detuvieron, notaron una criatura inmensa, alada y cubierta en escamas verdes. Los guardianes la reconocieron como una dragón llamada Alysra, y no se la había visto desde que se le encomendó llevar al traidor Corzocelada a un lugar seguro. Según lo que le contaron a Eren, cuando Perle vio al druida se le encendió en llamas el brazo por unos segundos, como si ardiera junto con la ira de la cazadora. Fue ahí cuando nos llamaron de vuelta para traer las medicinas, y entre que tratamos de vendar nuevamente el brazo de la cazadora y calmar a los heridos, seguimos escuchando el relato.

Al parecer la dragona tenía un arreglo con estas personas, pues lograron escuchar algo sobre “la recompensa” y “la promesa” de su boca. También llamó a uno de ellos “maestro”, y en el momento que los druidas mencionaron esto el rostro de Tempestira, que había iniciado los interrogatorios, cambió como si supiese lo que venía. Según los druidas, esa persona tenía rasgos muy similares a los de Fandral Corzocelada, pero sus ropas, su voz, su piel y sobre todo su poder eran muy distintos. El “maestro” mencionó unas palabras en un lenguaje que no logré entender a los druidas (posiblemente algún idioma del que desciende el darnassiano), y la dragón se inclinó a sus pies. Solo poniendo la mano sobre la cabeza de Alysra, ella empezó a encenderse en fuego y lava, quemando escamas, piel y carne. Los otros que estaban con el maestro invocaron algo parecido a placas del suelo (posiblemente de elementium, pues me cuenta Hüm que los del Martillo Crepuscular lo hacen) y envolvieron los huesos de la dragón que extendió las alas para dar paso a sus plumas de fuego, convirtiéndose en un ave similar a la que ahogó a Aryento en magma.

Fue en ese momento que Perle saltó a matar, y tras ella fueron los druidas y Mokazín. Según los druidas, en ese salto logró atravesar a flechazos la garganta de uno y el cráneo de otro. El tercero, el maestro, lanzó conjuros a los druidas para inmovilizarlos. El ave de inmediato se elevó en el aire no para escapar, sino para tomar a dos de los druidas con las garras y al tercero con el hocico y se mandó a volar. Una tercera flecha voló en dirección al maestro, pero se deshizo de ella fácilmente con un conjuro de fuego, y con un segundo hechizo atrapó en lianas de fuego al oso y a la cazadora.

Lo único que le dijo el maestro al acercarse a ella fue “Dile a Tempestira que dejará de ser el shan’do.” Le dio un puñetazo en el estómago, dio la media vuelta y bajo un rayo de fuego desapareció.

Le tomó un buen tiempo quitarse las lianas de encima pese a la fuerza de Mokazín que se liberó antes. Luego de eso, fue buscar algún rastro de la dragona o los druidas, a quienes encontró esparcidos en el bosque luego de haber sido lanzados ya inconscientes desde el aire. Dos de ellos estaban colgados de ramas, pero el tercero –el que peor estaba- había caído directamente al suelo. Desde ahí habían caminado hasta Nordrassil por un par de horas, con el pobre elfo en el lomo del oso.

No puedo describir la expresión de Tempestira. No sé si dentro del corría furia, miedo o decepción. Lo único que hizo fue levantarse de donde estábamos sentados y se retiró a reflexionar.

Perle era otra cosa. Fue una sorpresa que me dirigiera la palabra mientras la estaba curando, y más aún percibir que detrás de su tono de voz seco y cortante había una voz melódica e incluso inspiradora. Me decía que no podía esperar a que todos se tomaran el tiempo para reflexionar y planear, y que ahora haría lo que tenía que hacer por su cuenta. Noté que el brazo que tenía lesionado se encendía en fuego a la vez que sus facciones cambiaban para mostrar la furia e impaciencia. No fue aterrador para mi, porque ya estoy acostumbrado a lidiar con cosas horribles, pero ciertamente debo mantener la distancia un poco.

Tengo que dormir. Mañana tengo que viajar a Ventormenta a por provisiones y aprovechar de ver a los chicos del orfanato.

(Nota del recopilador: El libro presenta daños considerables desde este punto, posiblemente causados por la erosión permanente del lugar. Muchas de las hojas dentro del libro estaban desordenadas desde este punto, así que hubo que desmenuzar lo que estaba disponible y ordenar con cuidado.)

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Día 293 después de la Gran Devastación

Aún estamos encerrados en la cueva. El calor es horrible. Tuvieron que sacar al pobre Hüm de aquí y llevarlo de vuelta por el portal porque tenía la piel roja y llena de ampollas. Aún no encontramos rastro del escuadrón de la dama Varal, y no podemos seguir avanzando sin ellos.

Todavía me pregunto cómo fue que no vieron a esas tremendas criaturas saltar encima de ellos, especialmente al hombre serpiente. Aún recuerdo como tres de los nuestros fueron atravesados por la lanza, mientras que los perros se llevaban al resto. Mokazín ha estado muy nervioso desde que tuvimos que correr junto con los otros pajes y los que alcanzaron a sobrevivir a la emboscada. Se sienta peligrosamente cerca de la entrada de la cueva a observar, quizá para ver si vienen enemigos… o si la cazadora por algún milagro volvía.

Los otros chicos están aún muy asustados. No sabemos si saben dónde nos ocultamos, y existe el miedo que venga uno de esos perros de fuego a devorarnos también. Como soy el mayor tengo que ver que estén tranquilos, pero  tengo que ser sincero y decir que estoy tan aterrado como ellos. No me arrepiento de venir aquí, pero tampoco quiero ser víctima.

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Día 294 después de la Gran Devastación

El equipo de mi dama Catriana está con nosotros de nuevo al fin. Fue una fortuna que todo ocurriese como ocurrió, pero Mokazín fue el responsable de todo. Ni yo, ni otra persona. El vínculo que debe haber entre él y Perle debe ser inmenso.

Todo empezó anoche, cuando Mokazín se sentó cerca de la entrada una vez más. Tratamos junto con Derina y los otros chicos de traerlo más atrás, pero era imposible. El oso era viejo pero lo suficientemente fuerte como para no dejar que un grupo de niños lo movieran. De repente, la atención se le fue hacia afuera de la cueva por un segundo, y salió corriendo.

Tuve que decirles a los chicos que volvería en breve. Por suerte cuando regresé lo único que sucedió fue que un par de los nuevos había tenido una crisis por el miedo y otros salieron para buscar gente, pero todos estaban bien. Salí corriendo tras Mokazín, lo que es bien difícil de hacer en las Tierras de Fuego. No vi a absolutamente nadie en los alrededores, lo cual podía significar varias cosas: el otro equipo de héroes había causado que las criaturas se abalanzaran sobre ellos; nos estaban buscando en un lugar completamente diferente; o lo peor: habían vaciado las tropas sobre Hyjal.

No tuve tiempo para poder pensar en ello. No sabía dónde iba Mokazín con tanta prisa, pero eventualmente llegamos a un laberinto de cuevas que espero las fuerzas invasoras puedan usar para abastecerse en el futuro. A veces me perdía en el laberinto pero por alguna razón el oso sabía exactamente dónde ir, pese a que nunca había estado ahí. ¿Instinto, quizás? Ni idea. De todas formas, no nos tomó más de 20 minutos de caminata para poder encontrar lo que vimos.

Uno de los perros de fuego que se abalanzó sobre nosotros cuando llegamos a este horrible lugar estaba ahí, al parecer durmiendo o reposando, en una cueva gigantesca. Alrededor, huesos, armaduras y trozos esparcidos de muchos de los que perdimos ese día, junto con muchos otros que estaban enteros pero parecían demasiado malheridos como para haber sobrevivido. Un escalofrío me pasó por la espalda y mi mente me dijo que saliera de ahí. Mokazín, sin embargo, siguió adelante con cautela de no despertar a la bestia. No sé cómo supo que estaba ahí, pero de detrás de una pared de rocas trajo a Perle, que aún estaba bastante herida pero al menos estaba viva. La sacamos de la cueva y buscamos otra inmediatamente para poder atenderla. Traía conmigo un poco de vendas y gasas, así como agua conjurada y algunos bizcochos. Ella dejó que el oso la lamiera en las heridas y que yo la atendiera, pero no quiso comer nada. De la nada, me dijo bruscamente que me alejara con Mokazín dentro de un espacio que había por ahí, y que no saliéramos hasta que ella dijera lo contrario.

Mientras nos alejamos de ella sentimos un rugir bastante extraño, pero no del todo desconocido. Perle se había puesto de pie, desarmada, y de a poco empezó a dirigirse hacia el marco de la cueva, desde donde el perro de fuego empezó a entrar. Era una criatura inmensa, sin duda. Perle era mucho más alta que el común de los humanos, pero el perro la superaba dos veces en altura fácilmente.

No sé qué tipo de control hizo, pero no la atacó de inmediato. En vez, comenzó a rodearla, amenazante. Desde entonces Perle le habló al perro en un idioma que supuse era darnassiano, lo cual no pude entender en su momento. No se lo que le dijo con su voz furiosa, pero el perro de fuego se le abalanzó, arrojándola al aire con el hocico y dejándola caer bruscamente en la piedra pómez. Ella se levantó a tientas, mientras el perro se acercaba peligrosamente. Trató de embestirla de nuevo pero ella fue más astuta, y aprovechó la ocasión para subirse en el cuello del animal. Más palabras, pero fueron con un tono diferente, como tratando de convencerlo. El animal se sacudía con violencia para sacarse de encima a la cazadora, hasta que ella cayó al suelo. El perro retrocedió, y Perle se levantó de nuevo, ganando terreno mientras gritaba firmemente palabras en su lengua madre. El perro se abalanzó nuevamente sobre ella tratando de morderla con sus afilados dientes que fácilmente eran de mi tamaño, pero ella nuevamente logró usar la ocasión para subirse al animal nuevamente. La bestia se sacudió, pero al notar que todavía la tenía encima comenzó a correr arrastrando el lomo contra las paredes de la cueva. Ella le seguía gritando palabras, como si fueran revelaciones que la criatura se negaba a aceptar. Ella saltó rápidamente del lomo, aún adolorida por los embates, pero le dijo en fuerte y clara lengua común: “Sabes que solo te usa, y no quieres aceptarlo por miedo a ser lo que antes eras. Después de todo eres una bestia, ¿cierto?”. El perro se recogió amenazante, pero temblando. No estoy seguro si la cazadora le causó miedo o si sus palabras fueron hirientes, pero salió corriendo en dirección a la salida del túnel principal, casi pasando a llevar a la cazadora.

Lo siguiente me sorprendió: Mokazín refunfuñó algo, y ella le contestó con sonidos similares. Fue una discusión acalorada, no por donde estábamos, en un idioma feral que nunca me hubiese imaginado escuchar. Al final ella tuvo que hablar en darnassiano para que el oso diera la media vuelta, conmigo en el lomo, hacia el refugio. Por fortuna habían llegado otros en el intertanto, guiados por los que se habían atrevido a salir. Desde entonces que hemos estado encerrados aquí, recuperando energías para poder salir y seguir avanzando hasta la Espiral de Sulfuron, donde Ragnaros aguarda. Ojalá podamos movernos pronto, o si no moriremos de calor aquí.

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Día 296 después de la Gran Devastación

No sé si sentirme horrorizado o alegre por ver lo que vi hoy.

Habíamos estado caminando por lo que creo es un día completo. Aquí no hay día ni noche, así que es muy difícil determinar la hora y mucho más dormir si no se está dentro de una cueva oscura. Encontramos un par de amenazas pero fueron terminadas fácilmente por los guerreros, pese al cansancio por la falta de sueño. Volvimos a examinar la cueva del perro para ver si había vuelto, pero no había nada ni nadie dentro. Rescatamos lo que pudimos, como mochilas con provisiones, armaduras y armas; volvimos a nuestro refugio, enterramos a nuestros caídos, descansamos y desde entonces estamos en la caminata.

Hoy llegamos a un cruce entre dos caminos que al parecer llevan a dos sectores peligrosos. En ese cruce encontramos a muchos otros aventureros de los primeros equipos de asalto, junto con otros nuevos que habían entrado mucho después que nosotros. Nos dijeron que para el oeste los exploradores encontraron un nido de arañas inmensas, y hacia el este habían encontrado un pozo de magma en el cual descansaba un gran coloso elemental. Estaban esperando a los exploradores que fueron hacia el norte, pero no regresaban después de días. Estaban asustados por ellos debido a lo que habían encontrado detrás de un montículo a unos mil quinientos metros. Mi dama Catriana, un par de druidas, Mokazín y yo fuimos a ver de qué se trataba.

La carcasa inerte del hombre serpiente yacía desmembrada y triturada, acostada contra el montículo. Era un espectáculo asqueroso. Había marcas de mordidas desde el cuello, que estaba esparcido a unos metros, hasta el abdomen, que estaba esparcido por todos lados. La sangre había parado de brotar, pero el olor a putrefacción era insoportable.

Quiero imaginar que cuando encontramos a Perle, ella convenció a la criatura para que asesinara a su amo y tomar venganza por la tortura y la vergüenza que le hizo pasar. Quizás fue capaz de liberarse del látigo del traidor y dar la justicia natural de las bestias: ojo por ojo. Después de todo, aunque sea de fuego y piedra, era una bestia.

Mi señora miró a la distancia para ver si podía encontrar algún rastro o pista, pero se convenció de inmediato que no sería el caso. Se dirigió a lo que quedaba del cuerpo para tomar los restos de la lanza con la que recuerdo que asesinó a los de nuestro grupo, y vio el rastro de pisadas de botas largas, similares a las que usan las elfas nocturnas. Le sugerí el nombre de Perle, pero ella no me respondió nada más allá de un suspiro de cansancio y aborrecimiento.

Tengo que ser honesto. Mi nueva señora no me ha gustado desde que me asignaron a ella. Es todo lo contrario a mi dama Ilya y a Perle cuando estaba con ellas: una mujer dura, impenetrable, de pocas palabras, extremadamente estricta y molesta de presencia. Pero tengo que aguantarlo si quiero sobrevivir aquí.

 

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Día 299 después de la Gran Devastación

Hoy nos encontramos con gente de los otros equipos de asedio y control, que lograron acceder por un camino alternativo al portal por el que pasamos. Nos contaron que el Frente de Magma estaba bajo control  y que los mayores esfuerzos habían sido enfocados en una torre inmensa que surgió de la nada en el sur de Hyjal. Eso les permitió hallar lo que ellos llaman “el portal principal” y hasta ahora han mantenido el control.

Hüm y yo tuvimos que cocinar en el cruce nuevamente, pese a la horripilante imagen del hombre serpiente ahora tirado en el suelo y observado por todos los demás. Un druida tauren nos contaba que luego de abrirse camino por el puente de entrada, se encontraron con verdaderas jaurías de los perros de fuego corriendo para todos lados, llevándose a los aventureros que lograban agarrar lejos. Encontrar a esta criatura, de todas formas, los alentaba. Muchos de los guardias que tuvieron que combatir para llegar a donde estaban ahora eran de aspecto similar al cuerpo inerte, y ver a uno de ellos con tamaño y aparente rango superior en el estado en el que el nuestro estaba los alentaba bastante.

Las provisiones en general se nos están acabando. Hace un par de horas gasté mis últimas tablillas en un tipo que llegó en montura con una pierna quebrada de tal forma que parecía tener dos rodillas. Derina me dijo que tuvo que rasgarse la ropa para poder hacer un vendaje, así que pedimos provisiones a los representantes de las fuerzas de Tempestira. Obviamente, nos dieron un par de miradas feas.

Tampoco es que solo nosotros estemos haciendo trabajo recuperando a los aventureros. Una especie de caravana de aventureros estuvo ayudando a sanar a aquellos que tenían heridas más profundas. Algunos de los suyos acompañaron a Derina de vuelta a Nordrassil para traer más suministros para nosotros y los otros pajes que van con los distintos equipos. Ellos nos hablaron de grupos de asalto formados por héroes que habían logrado explorar algunas planicies en este lugar, y que habían asesinado a criaturas de enorme poder.

Hace algunas horas ha llegado un nuevo grupo al cruce, pero sólo para traer más dificultades. Muchos de ellos perdieron algunas partes y otros venían quemados casi enteros. Claro, venían victoriosos pero no les sirve de nada sentirse así si tienen medio brazo para poder pelear. Contaban de un lugar repleto de criaturas arácnidas que disfrutaban atrapar otras criaturas en sus redes de magma. Por un momento recordé a los asaltantes nerubianos que solían asediarnos en las Tierras de la Cruzada hace mucho tiempo, y el pensamiento me dio escalofríos que fueron extrañamente placenteros en el horno en el que estamos. Nos tomó un tiempo poder arreglar un lugar para que pudiesen quedarse y escucharlos admitir que por ahora no servirían en batalla, y con ellos se nos fueron todas las provisiones que nos quedaban. Espero que Derina traiga suficiente para todos.

No me había fijado en Mokazín hasta hace un rato. Por alguna razón se ha quedado sentado todo este tiempo sobre la roca más alta, mirando fijamente a la enorme torre que domina el horizonte. Él nos estuvo ayudando a acarrear lastimados de un lado a otro ayer, pero hoy ha estado haciendo una extraña guardia. Creo que mientras escribo esto está aún allí, vigilando fijamente. De hecho, desde que llegamos aquí que no ha hecho ningún gesto, ni siquiera conmigo que trato de acariciarlo y mantenerlo de buen ánimo. Desde que encontramos el cuerpo que se ha mantenido en silencio, y a lo lejos se puede ver como sus facciones se descomponen a momentos mientras observa la espiral.

No se que habrá pasado entre él y Perle. Puede que haya algo oculto ahí. Tendré que observarlo con más atención. No me gusta para nada todo esto.

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Día 305 después de la Gran Devastación

Derina y los tauren llegaron hace unas cuantas horas con todas las provisiones que pudieron cargar, y con más que un buen puñado de gente para poder establecer una base de avanzada. Ya habíamos improvisado un poco de barricadas con piedras y escombros que encontramos en el lugar, así que con los maderos que llegaron pudimos levantar unas cuantas murallas. Hubo un poco de discusión sobre qué hacer con los pocos restos que quedaban de hombre serpiente muerto, y se decidió que los huesos (especialmente el cráneo) los mandarían de vuelta a Hyjal como una forma de alentar a las tropas. Es una decisión que me agrada demasiado. No me ha sido grato ver como el cuerpo se descompone cuando tengo que hacer estofado, y menos aún para los que lo comen.

Junto con todas las provisiones llegó algo que fue sorpresivo para todos de ver, tanto porque no esperábamos verlo tan pronto como porque era una imagen bastante fuerte. Era Aryento, el hipogrifo de batalla de Perle, que había ayudado a traer algunas cargas pesadas. Según los que lo acompañaban, le había sido imposible quedarse quieto en los establos donde lo estaban cuidando y que pese a todo lo que intentaron hacer no pudieron ayudar a que se tranquilizara tras la muerte de mi dama Ilya. De alguna forma, también lo veo comportándose como Mokazín.

Fue Aryento quien se acercó al oso, aún  en su puesto de vigilancia, atenta a lo que sucedía en la espiral. No hubo palabras, sino una mirada y una caricia de parte del ave mientras que el oso caminaba lentamente por su costado. Es como si estuviesen conectados de alguna forma. ¿Es ese el vínculo que tienen las bestias alrededor de un cazador? Quizás va por lo que han tenido que pasar y sufrir juntos, porque no creo que sea simple domesticación. He notado que Mokazín también se levanta en las noches para refunfuñar, tal y como lo hizo la última vez que vimos a Perle.

A veces, en las noches, se puede escuchar a lo lejos el eco de un canto en darnassiano, pero los que saben el idioma no quieren hablar de ello. Aelena, que está ahora encargada del cuidado de los heridos, me sopló que algunos elfos de la noche reconocen la canción pues sus padres y abuelos se las cantaban. Era una canción de cuna que se remonta a los tiempos anteriores al Gran Hundimiento, pero que ahora los sumergía en tristeza y melancolía.

 

Han sido ya un par de horas desde que dejamos el fuerte. Nos hemos separado en grupos para poder limpiar y cubrir diferentes zonas, lo cual significaba que teníamos que decirnos adiós entre todos. Es triste pensar que cuando esto sucede, muchos de nosotros, los pajes, terminamos muertos de horribles formas si la misión del grupo no termina en éxito. Sin embargo, es nuestro deber y no hay muchas formas de volver atrás aunque quisiéramos. Pese a la victoria de hace un rato, tenemos ya la idea que ningún lugar es seguro aquí mientras que no exploremos y matemos lo que podamos.

Solo sé lo que sucedió después que desperté con el fuerte sonido de la batalla. El silbido de flechas indicaba que enfrentábamos varios enemigos que estaban en el aire, así que tuve que correr de la tienda y refugiarme en la cueva que se había cavado en la base para poder ver como andaba la situación y qué se podía hacer. Vi que muchos de los nuestros, especialmente los que habían sufrido pérdidas de guerra, eran capturados por inmensas aves de fuego, muy similares a las que nos atacaron cuando recién descubrimos el portal, hace ya un tiempo atrás. Desde tierra, los que tenían brazos tiraban flechas al cielo tratando de atinarle a alguna de las aves, y los que tenían piernas y brazos útiles corrían de un lado a otro para terminar con las que caían o para tratar de enfrentar a las otras criaturas que se nos venían encima por los flancos, como más perros de fuego y varias arañas (o nerubianos de fuego, como me gusta llamarlos). Algunas aves, al caer, se transformaban en esos “druidas de la flama”, y cuando nuestros verdugos los iban a acabar pedían piedad sólo para aprovecharse de la situación y contraatacar. Entre todo eso, vi que Mokazín se abalanzaba sobre varios de ellos, cortando sus caras a zarpazos sin hacer mayor esfuerzo. Fue ahí cuando escuchamos el silbido y sucedió lo impensado.

En el aire estaba Perle, montada en un Aryento que volaba agresivamente entre medio de todos los pájaros de fuego. Nunca había visto algo parecido. ¡Era como una avispa en medio de un enjambre de abejas! Si el hipogrifo no los embestía con violencia hacia el suelo, les mordía el cuello con el pico. Si ninguna de las dos pasaba, era porque la cazadora ya había enterrado un par de flechas en las aves. Todo eso en medio de maniobras que pocos jinetes han podido realizar con esa velocidad, pero que tampoco eran controladas por la cazadora. De hecho, pese a que ella estaba montada en Aryento, no daba la sensación de un jinete con su montura, sino de una sola entidad matando todo lo que hubiese alrededor. Hubo un par de druidas que cayeron al suelo, moribundos y casi partidos en mitad, y otros tres o cuatro que habían caído descabezados por el hipogrifo al menos con la fortuna de no tener más sufrimiento. Varios otros arqueros se le unieron en el aire, y después de un rato lo único que quedaba por despachar eran los atacantes por tierra.

Los daños fueron considerables. La cantidad de muertos enemigos no era muy superior a la de nuestros muertos, las barricadas habían sido destruidas y la base entera tenía daños de proporción grave. Junto con eso, al inspeccionar a los druidas de la flama muertos descubrimos que uno de ellos llevaba un guantalete dañado, pero no lo suficiente para no reconocer que era uno de los que mi antigua dama Ilya llevaba ese día.

Cuando lo vio, los gestos en el rostro de Perle cambiaron inmediatamente, el brazo quemado se encendió en fuego y se fue sola corriendo hacia el noreste. El lugar no era seguro de todas formas, así que todos nos separamos en grupos. Muchos de los elfos nocturnos siguieron los pasos de Perle y se fueron al noroeste, y me vine con ellos solo por curiosidad. El resto salió en diferentes direcciones, aunque un contingente amplio dirigido por la dama Catriana se dirigió en dirección al “nido de arañas”. Intentamos apresurarnos para hallar a Perle, pero todo lo que encontramos fueron cuerpos de hombres serpiente. Establecimos el campamento en el que estamos ahora, y en un rato más tendremos que salir. Saben que nos estamos expandiendo por el lugar, y seguramente nos van a buscar.

SeparadorDía 307 después de la Gran Devastación

Creo que tendré que dejar de dormir de una vez por todas. Después de lo que pasó ayer, prefiero mantenerme despierto y no ser atrapado por sorpresa, ya sea para seguir viendo lo que sucede así como para no morir en el intento. Además, el poder de Perle es más impresionante de lo que se ve a simple vista, y me preocupa que la locura pueda apoderarse de ella.

Estábamos todos durmiendo cuando nos atacaron por sorpresa nuevamente los druidas de Fandral y las aves de fuego. Esta vez eran cientos, y había varios de ellos por todas partes. Los de nuestro grupo lograron matar a varios de ellos, pero eran demasiados como para hacer el trabajo. Los que no eran despedazados por los druidas convertidos en felinos de fuego o que no eran lanzados desde las alturas por las aves se alzaban en las armas que tuvieran o que encontraran y trataban de matar lo que se les viniera encima. Varios de ellos cayeron de todas formas pero no sin que una buena cantidad de los enemigos se fueran con ellos.

La batalla se fue desarrollando cada vez más hacia el noreste, llegando a un valle cerrado y dominado por un gran agujero, cerca del cual yacían los restos de un ave enorme. Ya habían limpiado varios enemigos y se adentraban más en el valle en búsqueda de cualquier cosa importante que reclamar o matar, quizás un líder. Fue entonces cuando vimos algo que, al final de cuentas, nos levantó la moral a todos, pero que perfectamente nos hubiera podido matar.

De la nada, el agujero explosionó expulsando magma y rocas calientes por todos lados. Cayeron por igual varios nuestros enemigos y nuestros aliados, calcinados o aplastados por los escombros, y los que sobrevivieron tuvieron que seguir luchando. Desde dentro de la explosión se empezó a alzar una serie de figuras aladas, ardientes y brillantes en los elementos que son más que abundantes en este lugar, una de ellas muy similar a la que mató a mi dama Ilya. Las criaturas salieron de su “madriguera” y en un solo pase lograron derribar y agarrar a varios de los nuestros para arrojarlos desde gran altura. Cuando vi que la que era diferente llevaba algo encima, tuve que arriesgarme a salir de la zona segura.

Perle estaba montada en el ave de fuego, acuchillando las partes más débiles del lomo y las alas, lo que empezó a dificultar el vuelo. En medio del vuelo dejó de batir las alas, y se lanzó contra las rocas hirviendo que sobresalían del suelo, cayendo pesadamente contra la elfa. Ambas cayeron aturdidas pero el ave se levantó primero apresurada, corriendo hacia el risco. No más de un par de segundos más tarde, Perle salió corriendo detrás de ella gritando “¡Devuélvemela!”. El ave emprendió vuelo, y se lanzó en picada a un abismo que empezaba unos cientos de metros más allá. Fue ahí donde la dejamos de ver por un momento, pero según varios de los druidas que iban con nosotros nos contaron lo que vieron cuando la salieron persiguiendo.

Perle corrió hacia el borde del risco para dar un salto hacia el abismo. No nos habíamos dado cuenta que llegamos al límite de esa “isla” de las Tierras de Fuego, pues más allá y debajo se veían varias otras, y el vacío no tenía fondo. La cazadora lanzó un silbido al saltar, y unos segundos después una figura blanca se apresuró a gran velocidad a ella. Aryento había escuchado a su ama y la recogió en plena caída libre, y ahí empezó la persecución. Era el ave de fuego al frente, volando a una velocidad impresionante, a la vez que trataba de deshacerse de los druidas que en pleno vuelo se transformaban en gente para lanzarle hechizos y convertirse en aves nuevamente, a la vez que Perle se aproximaba desafiante montada en un presto Aryento. Las flechas no se dejaron esperar, y vi como una de ellas encendida en fuego atravesaba las plumas encendidas para rebotar en las garras del ave jefe. Uno de los druidas contó como la elfa le estaba apuntando, pensando que lo había pasado por un enemigo, cuando sintió que una criatura voladora menor le había caído encima. Cuando volvió a mirar, Aryento volaba sin jinete hacia las alturas y la cazadora ya había saltado de la montura para caer violentamente en las placas de armadura del ave gigante. La criatura de fuego no se hizo la víctima y empezó a girar para tratar de sacársela de encima, pero Perle estaba bien afirmada. Varios pudimos ver como trataba de retirar las placas que cubrían el ave, y en el esfuerzo el brazo derecho se le encendía cada vez más. Eso debió ser lo que le permitió remover algunas de las placas y descubrir el poco cuerpo sólido que le quedaba a la gran criatura. En un estrépito, el ave empezó a girar con más fuerza, pero no impidió que la cazadora clavase un buen par de flechas en la zona descubierta para que la criatura perdiese el equilibrio del vuelo.

En un mal giro, en parte causado intencionalmente por la cazadora, el ave gigantesca chocó con una de las rocas flotantes, perdiendo completamente el sentido por unos segundos y cayendo en picada a una amplia plataforma de piedra. La cazadora aprovechó la oportunidad, y metió la mano de fuego dentro de las placas. Entre sus gritos (que no sabría decir si eran de furia o de dolor) pude escuchar un sonido similar al quiebre de huesos, y me di cuenta que efectivamente había roto una de las alas de la gran criatura. No había caso que después de recuperar la sobriedad tratase de emprender vuelo, pues el ala rota no respondía y se movía inerte en la caída.

El choque mismo fue como ver una explosión. El fuego del ave se extendió por varios metros cuando aterrizó de forma seca y brutal en la roca, así como la cazadora fue expulsada algunos metros de forma violenta. Eso no evitó que se recuperara rápidamente para correr a dar el golpe final. El ave se levantó en dolor, expulsando rápidas bolas de fuego del hocico que Perle evitó como si las anticipase hasta que ella saltó y la perdió de vista. No me imagino cómo debe haber sufrido la pobre criatura al ver como la cazadora se le trepaba en la cabeza para remover todas sus placas de armadura, para luego meter las manos en su hocico y estirarlo hasta quebrar la mandíbula, y desde ahí enterrar un cuchillo dentro del cráneo.

La cabeza cayó pesadamente en el piso de roca, mientras que Perle se ponía de pie cansada, ensangrentada y con el rostro lleno de ira. No pude evitar ver su brazo derecho y notar que ahora ardía con más fuerza. ¿Es eso lo que le da poder a ella ahora? ¿Qué clase de hechizo podría permitirle no sentir dolor por una herida tan profunda?

Todos la rodeamos, tratando de explicarnos como había hecho todo eso, pero el momento fue como si hubiésemos sido invisibles para ella. Caminó en línea recta, mirando a la nada. Se topó con el cuerpo de uno de los nuestros que traía un par de espadas cortas con los colores y formas de los elfos nocturnos, y no le tomó dudas recogerlas y dejársela para sí. Subió a una roca y allí se quedó de pie, observando nuevamente en dirección a la gran torre que se elevaba en el horizonte, cada día más cerca. Después de unas horas, nos dimos cuenta que nos había dejado.

Es tanto misterio lo que me provoca esa cazadora que creo que terminaré azotando la cabeza en alguna mesa cuando volvamos a casa, si es que volvemos a casa. Por mientras, me queda seguir escribiendo aquí y ocuparme de los que están heridos y enfermos mientras que llega la ropa nueva desde Hyjal.

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Día 315 después de la Gran Devastación

Hoy es el día en que todos los caminos convergen en uno solo, y dando grandes sorpresas. Según nuestros exploradores, estamos en el camino que lleva al Puente, una estructura etérea que lleva directamente a la llamada Espiral de Sulfuron. Es justamente donde se unen todos los caminos, y junto con los avances vinieron las buenas noticias.

Fue sorprendente ver al señor Hamuul nuevamente. Sus heridas ahora eran superficiales y no influían mucho en sus habilidades, y se lo veía bastante serio y concentrado. El señor Malfurion vino también, y con él vinieron muchos más refuerzos. Fue un alivio ver a Hüm, Aelena y los demás chicos aún vivos y sin más problemas que un par de arañazos en los brazos, pero eso no impidió que tuviésemos que trabajar. Por suerte, la presencia de los archidruidas alentaban a todos a hacerlo, así que muchos que estaban ya acalorados de ánimos lograron hacer las paces aunque fuera momentáneamente.

Muchos otros vinieron también desde las Tierras de Fuego. Algunos druidas de la flama traidores se entregaron a voluntad, y hasta ahora han tratado de mostrar su valía en tareas menores pero nunca han perdido la vigilancia atenta de sus “captores”. Desde las tierras de las arañas vinieron los aventureros que lideraron la campaña para acabar con las amenazas del lugar. Otros grupos vinieron del este, donde se encontraron con el lugar donde los elementales de fuego y piedra son forjados a mano por una criatura ancestral que ahora ya no existe. Eso explica los movimientos de tierra hace un par de días.

Si antes éramos casi pasados al centenar, ahora nos contamos superiores a las cuatrocientas personas exceptuando rehenes, servidumbres, heridos de gravedad, monturas y otras criaturas que puedan hacer alguna participación de apoyo. Se siente bien estar en medio de todo esto. Me hace recordar la Cruzada, cuando tuvimos que atender a los guerreros que asaltaron Corona de Hielo. Hay muchos aquí cuyas armaduras toman colores y formas que dejan fácilmente atónito al que solo se maneje con cueros y mallas pobres, y es inspirador ver una que otra cara conocida incluso si no me reconocen.

Debo irme. Al parecer ya han ordenado todo para asaltar el puente..

 

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Día 327 después de la Gran Devastación

Nordrassil

Si hay algo que empiezo a disfrutar ahora son los momentos de descanso, aunque no son muchos y todavía están dentro de la incomodidad del calor horrible de las Tierras de Fuego.

Ragnaros cayó, según nos han contado hace poco y comprobado hace unos momentos. Nos hemos reunido todos en la cima de Hyjal, y ahí Malfurion, Hamuul y Su Omnipotencia Cenarius nos mostraron la prueba: una masa de magma más caliente que cualquier otra cosa existente en el mundo; el corazón de Ragnaros. Estaba encerrado en un cofre de elementium endurecido, que a duras penas lograba contener el calor y evitar derretirse. Creo que un aventurero pidió un fragmento del corazón para una tarea encomendada por los Aspectos, pero poco logré escuchar de ello.

Muchos de los otros se han ido. Los aventureros de la Alianza y la Horda se retiraron hace un tiempo, pero de una forma bastante irregular. Los que los vieron cuentan que un dragón de escamas rojas vino en búsqueda de algunos de ellos para establecer un trato, y desde entonces nadie los ha visto. Espero que no haya sido alguna emboscada o alguna trampa.

Perle no está aquí desde que cruzamos el Puente hace ya un buen tiempo. De hecho, fue una de las pocas personas que no estuvo ahí para luchar contra Ragnaros en persona. Se fue de forma bastante amarga, y no en muy buenos términos con Malfurion, pero él nos dijo que entendía los motivos. Nunca se refirió a los motivos en sí, lo cual me deja bastante más intrigado sobre quién es esa cazadora al fin.

Recuerdo el día en que asaltamos el Puente como si fuese ayer, pero el mero hecho de revivir el momento en la mente es un dolor inmenso. Cuando nos dijeron que iríamos en camino para un asalto sorpresivo, todos se armaron lo más rápido posible y dejar atrás sus pertenencias que no fueran vitales. Tuve que hacerlo también, pero los otros chicos se quedaron atrás en la base que teníamos formada. Fue para mejor de todas formas. Ahora varios de ellos han vuelto a las tierras de la Cruzada mientras que nosotros estaremos un tiempo más como apoyos menores. Además, Mokazín nos estaba cuidando a todos de forma muy atenta y era muy difícil salir de su protección. No fue imposible, pero me sentí triste por el pobre animal. Según me contaron, se desesperó demasiado cuando vio que no estaba. Menos mal que logré reunirme con él aquí en Hyjal.

El camino fue más difícil de lo que habían pronosticado. Pese a que los aventureros habían logrado derrotar a una gran abominación que seguramente era el guardián del puente que ahora conectaba la tierra con la isla flotante que apoyaba la Espiral, entre medio varios grupos de enemigos nos vinieron a asaltar desde las alturas, en tierra e incluso por debajo de ella. Todos lucharon con sus máximos esfuerzos para evitar ser arrojados por el abismo que estaba algo más adelante, pero inevitablemente varios cayeron. Ojalá que al menos hayan caído y perdido la vida contra un trozo de roca flotando en el vacío, pues nadie sabe si hay un fondo en el cual aterrizar.

Se el terror que se siente, porque lo viví también. Un elemental enorme levantó la tierra bajo nosotros, quebrando parte de la orilla. La plataforma se deslizó demasiado rápido, y solo algunos alcanzaron a saltar a tierra firme. Los demás caímos al vacío. Pensé que iba a morir. Nuestros druidas alcanzaron a tomar a algunos de nosotros, pero no todos pudieron ser salvados.

Me recogió un druida trol que era lo suficientemente fuerte para sostener mi peso, pero le costó algo de trabajo empezar a subir de vuelta hacia la superficie. Era más seguro bajar a alguna roca flotante cercana que se viera estable, y dejarme ahí por unos minutos para ir a buscar un refuerzo que lo ayudara a llevarme de vuelta. Fue en medio de esa explicación que la vi.

Una bola de fuego pasó demasiado cerca de nosotros, chillando como si alguien dentro estuviese siendo hervido vivo. Las voces se detuvieron cuando la bola chocó causando una explosión brillante en una de las rocas más amplias, más o menos a cuatrocientos metros de donde estábamos. Más allá, en el aire, vi un hipogrifo blanco circulando la zona. El druida no quiso bajar para dejarme ahí, pero no se pudo negar después que me torciera de forma peligrosa. Sabía lo que era, y no podía dejar pasar la oportunidad de ver para escribir lo que sucedió.

Cuando bajamos, vimos que la explosión del choque dejó un cráter enorme y humeante. Nos escondimos detrás de unas rocas empinadas, y desde ahí logramos reconocer a Perle en medio de la ceniza volátil, tratando débilmente de levantarse del suelo. Más allá del cráter se podía ver una columna de fuego, y cuando la columna empezó a avanzar el estómago se hizo un millón de nudos tras la revelación.

La armadura que se había fundido al cuerpo me dejó reconocerla inmediatamente. Ilya, mi antigua señora, ahora era una figura de magma de pies a cabeza, desfigurada por la fundición de las piezas de placas a su cuerpo esbelto. Donde había antes una hermosa cabellera larga que terminaba en un corte de pelo seco después de pasar la mitad de la cabeza, ahora batía una ola de fuego que se movía con cada enclenque paso que daba. El sonido que salía de su boca era como si miles de almas se hubieran juntado en una sola para gritar y llorar al unísono una palabra: “mátame”.

Perle trató de levantarse completamente, pero el dolor no le permitía hacerlo. En el esfuerzo balbuceaba palabras en darnassiano, con una voz quebrada por la desesperación. Seguramente había venido a buscar en las Tierras de Fuego buscando una última oportunidad de salvar a su hermana, y ahora no había cómo hacerlo.

El grito de dolor de Ilya se transformó de un segundo a otro en ira, y el calor que salió de su cuerpo en el grito nos hizo sentir al druida y a mi como si nuestra sangre estuviese hirviendo. El choque de la carga fue aún más aterrador, porque la explosión contra la roca en la que estábamos ocultos nos hizo pensar que moriríamos en ese momento. Salimos corriendo de donde estábamos, y nos dimos cuenta que Ilya había cargado contra Perle, que cayó de la pared de la roca aullando por el dolor que seguramente le causó alguna fractura en las costillas. No alcanzó a tocar el suelo cuando había sido sostenida por el cuello y presionada por mi señora contra la pared. “¡Mátame!” le gritaba a Perle, en una voz iracunda que también dejaba sentir el dolor del alma. Perle se negó diciendo algunas palabras en darnassiano ahogadas por la asfixia, y fue levantada y arrojada contra el suelo con una violencia sobrenatural.

Allí intercambiaron lo que parecían palabras muy crudas en su idioma, mientras que la cazadora desesperaba por deshacerse del agarre, negándose a hacer lo que Ilya le pedía. De la nada, el brazo quemado de Perle se alzó y empezó a empujar el pecho de la hermana hacia atrás. La fuerza que utilizó para abrirse espacio hizo que Ilya retrocediera un poco, pero aún así mantenía gritando las mismas palabras toscas y desesperadas.

Fue en medio de todo eso que Perle lanzó un grito ensordecedor entre lágrimas y dolor, y su mano encendida entró en el pecho y salió por la espalda de mi antigua señora. En la palma quemada, el corazón en llamas era una masa brillante de magma, hasta que el puño se cerró y todo lo que había dentro de él cayó al suelo.

Mi señora sintió todo eso sin alejar los ojos de los de su hermana en ningún momento, y cuando esbozó una leve sonrisa en sus labios destruidos supe que se había ido. Perle sostuvo su cuerpo contra el suyo, sintiendo el dolor físico del ardor de la piel y el del corazón. Su boca se mantuvo abierta, y la garganta no pudo liberar el llanto que seguramente habría hecho romper el alma del hombre más fuerte en el mundo. Lentamente se puso de pie, mirando la escena entre un mar de lágrimas como si no creyese que había sucedido, se montó en el hipogrifo que había llamado con un silbido y voló en dirección contraria a la Espiral, fuera de las Tierras de Fuego. Las lágrimas no se secaron de inmediato cuando tocaron el suelo.

El resto todo mundo lo sabe, y si no lo sabe seguramente se contará en cada taberna: Ragnaros cayó a manos de todos los valientes aventureros del mundo, liderados por Cenarius, Hamuul y Malfurion Tempestira, y luego de eso vino el motín de los elementales de fuego que, afortunadamente, todos los que sobrevivieron pudieron aguantar sin problemas.

Y ahora estoy de vuelta en Nordrassil, a la espera de un nuevo grupo que necesitaba pajes y asistentes para hacer un control de rutina en el Frente de Magma. Pese a que vi a muchos de los chicos de vuelta, me dijeron mientras escribía que Hüm estaba grave por quemaduras importantes. Sin embargo los druidas lo recuperarán.

No como a otra.

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Día 331 después de la Gran Devastación

Es la primera vez que siento un miedo así. No sé dónde estoy, ni quien me trajo, ni para qué me quieren aquí. Si alguien llega a leer esto, probablemente logre ver los cadáveres y los huesos que están a mí alrededor ahora, y ent…

(Nota del recopilador: Hay una serie de rayas y marcas desde este punto en adelante, que llegan hasta el final de la página. Es muy probable que en ese momento el joven Edoran haya sido tomado prisionero o asesinado, y el libro se haya caído o haya sido arrebatado de sus manos.)

 

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Hasta aquí llega el relato del joven Edoran de la Cruzada Argenta. Quise mantener todo el relato lo más coherente al original, pero en ciertos lugares tuve que llenar los espacios con las palabras y letras que a mi juicio podría haber estado ahí.

Mientras transcribía todo esto, se me informó de la llegada de los druidas mencionados en el relato, y luego de leer este relato aseguraron que fue todo verídico, y aún peor. El pobre joven había hecho ojos ciegos a escenas mucho más macabras, y seguramente ahora no habita este mundo considerando lo que mis colegas me informan de la situación final y actual del sur de Hyjal.

Se sabe que el oso llegó a la Ciudad de Ventormenta solo, pero el paradero de la cazadora tampoco ha sido determinado. También se sabe que es preciadamente buscada por una persona encapuchada en una túnica de livianas placas de bronce.

El mundo está lleno de misterios aún. Espero que este en particular se resuelva pronto, y que el trabajo que he realizado ayude en esto.

Nechiichtowatekeki hale chi.

Lamuh
Druida y Recopilador del Circulo Cenarion